That, my lad, was a dragon

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Maria. Argentina. 24. Audiovisual designer. Freelance photographer.

Mañana me voy a tatuar. Otra vez.

Suena la alarma, me despierto. Me lavo los dientes y prendo la ducha. Me baño, porque todavía no estoy del todo despierta. Me seco el pelo con el secador. Salgo del baño y entro a mi habitación. Me visto, pero todavía no me pongo las zapatillas. Salgo del dormitorio y entro a la cocina. Enciendo la pava eléctrica, pongo café en la cafetera y cuando el agua está lista preparo el café. Si tengo hambre me hago una tostada, si no, no. Abro la heladera y saco la leche. Agarro una taza, le pongo café y después leche. Prendo la tele para ver la temperatura. Salgo al balcón, me tomo el café. Me vuelvo a lavar los dientes, me pongo las zapatillas, agarro la cartera y salgo de casa. Paso por el kiosco a comprar cigarrillos. Camino hasta la parada del 152 y espero el que viene vacío. Me subo y me siento atrás de todo. Saco los lentes de sol y el mp4. Lo prendo y me pongo los auriculares. Apoyo la cabeza contra la ventana y cierro los ojos. Medio que estoy dormida, medio que no. Paso 9 de julio y me bajo. Camino dos cuadras. Entro al edificio y saludo al portero. Saco las llaves y entro a la oficina. Prendo las luces, porque soy la primera en llegar. Dejo la cartera en el escritorio y guardo los papeles en ella. Vuelvo a agarrar la cartera y salgo de la oficina. Microcentro. Dejo los papeles. Camino por Florida, me compro un agua. Sigo caminando entre la gente. Algunos me chocan y no me piden perdón, pero no me importa, seguro tienen sus problemas. Llego a la oficina de vuelta. Dejo los papeles y salgo al balcón. Fumo un cigarrillo. Vuelvo a entrar, me hago un té y me siento en mi escritorio. Trabajo, mucho trabajo totalmente rutinario y aburrido. Papeles, sellos, firmas, fotocopias, más sellos, más firmas, más fotocopias. Se hace la hora de irme. Bajo por el ascensor y salgo del edificio. Me pongo de vuelta los auriculares. Espero el 108, hay mucha cola, pero no tengo apuro. Espero uno que venga vacío, para poder sentarme atrás. Me subo. $2.70. Me siento. Viajo. Avenida Santa Fé. Avenida Las Heras. Plaza Italia. Me bajo. Camino. Doblo la esquina. Camino. Llego a mi casa. Entro. Dejo la cartera en la silla. Abro la heladera, me sirvo un vaso de agua. Salgo al balcón, enciendo otro cigarrillo. Lo fumo. Lo apago, a veces por la mitad. Vuelvo a entrar. Ya es de noche. Prendo la tele. Prendo el dvd. Agarro alguna película, cualquiera. La pongo en el dvd. Me siento en el sillón y me tapo con una frazada. Le doy play y empieza. Termina. Me levanto y saco la película. Si tengo hambre ceno, si no, no. Ya es tarde. Voy al baño y me lavo los dientes. Entro al cuarto, me saco la ropa y me pongo el piyama. Me meto en la cama y apago el velador. 
Y todo vuelve a empezar. 

Salvo los martes y los jueves. Esos días son los más lindos.

Irse a dormir sin cenar. Hacerse un bollito en la cama y rogar para, aunque sea una noche, no soñar nada.

Cuándo dejan de importante las nimiedades? Hay alguna edad en la que decís “basta, la vida es más que ésto”? Hay alguna edad en la que te creás una especie de armadura?
El mejor consejo que me dieron cuando decidí terminar mi relación fue “es hora de pensar en vos y, sin ser mala persona, cagarte un poco en el resto”. Nunca lo puse en práctica (y así me fue) pero tengo un buen recuerdo de la persona que me lo dijo.
En algún momento hay que crecer, no?
No. No quiero crecer. No quiero ser como esas personas a las que la vida les pasa por al lado y no se dan cuenta. Quiero seguir sintiendo las cosas que siento, aunque me duelan. Quiero seguir siendo María. No quiero que la edad me transforme en la peor versión de mi misma. Quiero seguir sorprendiéndome por todo, por las cosas chiquitas y por las grandes. Quiero querer.

Me gusta llorar. Pero llorar con ganas. Siempre fui muy llorona (bueno, pongamos sensible, queda mejor). Y lloro por todo. Pero hubo una época en la que no podía llorar. No se, no me salían las lágrimas, y quería llorar, tenía muchos motivos para hacerlo. Era como si se me hubieran acabado las lágrimas. Sentía una presión en el pecho que podía aguantar, pero las lágrimas no salían. Después, casi dos meses más tarde, pude volver a hacerlo. Y lloré con unas ganas…
Ahora me está pasando de nuevo, no puedo llorar. Y quiero hacerlo. Hago todos los clichés del mundo: veo películas tristes, escucho canciones melancólicas, veo fotos viejas. Pero no, no salen.
Supongo que ya van a salir. 
Una vez me dijeron que mi sensibilidad me ayudaba a ser mejor fotógrafa. Puede ser, tengo facilidad para la empatía, aunque a veces quisiera ser un poco más dura, más fría, más “me cago en todo y en todos”. 
Pero no, no lo soy.